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Historia meteorológica de Mesoamérica

5 ago 2003

Un encuentro producido hace siete años entre un meteorólogo costarricense y una mexicana dedicada a la historia de la ciencia, hizo que ambos se involucraran en el proyecto “Datos meteorológicos en Centroamérica y México, aspectos históricos y científicos en la segunda mitad del siglo XIX y su aplicación a la variabilidad y al cambio climático”.

La Dra. Luz Fernanda Azuela, del Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) había investigado la primera red meteorológica americana, una de las primeras a nivel mundial, y descubrió que solo había solo tres observatorios, el de Washington, el de Costa Rica, y el de México.

Por su parte, el Dr. Jorge Amador, director del Centro de Investigaciones Geofísicas (CIGEFI) de la Universidad de Costa Rica, investigaba la historia de la meteorología en el país y además tenía interés en el rescate de los datos históricos del clima regional.

Entonces decidieron buscar los fondos y el financiamiento para hacer un proyecto regional e integrar a un investigador por cada nación centroamericana, aunque los pilares siempre han sido el CIGEFI y el Instituto de Geografía de la UNAM.

Varias tesis de licenciatura y de doctorado, un sin fin de publicaciones y presentaciones en congresos, y una incipiente formación de grupos de trabajo en cada uno de los países reflejan la fructífera producción a lo largo de este tiempo.

La Dra. Azuela, quien se confiesa una apasionada por esta disciplina, en esta ocasión visitó la UCR para impartir un curso denominado “Historia, Ciencia y Sociedad”, inscrito en los posgrados de Ciencias de la Atmósfera , de Geografía y de Historia, además de dictar varias conferencias.

Durante su estancia se contactó con otros grupos de investigadores y expresó que su experiencia fue muy gratificante porque “en esta área de estudios cada vez hay más personas interesadas y cada vez se ha publicado más”. En este sentido, destacó la producción de Geovanny Peraldo de la Escuela Centroamericana de Geología de la UCR, acerca de la historia de la ciencia en la Costa Rica del siglo XIX, y que reúne una gran cantidad de trabajos sobre los naturalistas de ese período.

Incluso mencionó que este es un momento coyuntural en el que ya las autoridades universitarias están teniendo un interés mayor por los estudios sociales de la ciencia.

La profesional explica que han desarrollado dos líneas de investigación, la de historia de la ciencias y la de estudios históricos del clima, y se está abriendo una perspectiva denominada historia ambiental, donde se están incluyendo los registros históricos de clima, en la que se recuperan los datos de temperatura, lluvia, presión atmosférica que se hacían en los observatorios nacionales en el siglo XIX.

Por ejemplo, ya se ha recuperado la información de Costa Rica, la de Guatemala, los registros de las estaciones meteorológicas del Canal de Panamá y los del Observatorio Meteorológico de México, lo que ha permitido que se recopilara la historia de la meteorología de la región. Los trabajos de todos los investigadores se han reunido y están por terminar un libro colectivo.

La Dra. Azuela indicó que a lo largo de las actividades que desarrollan, se ha promovido la formación de grupos en historia de la ciencia y cada vez que visitan un país brindan conferencias y se trabaja con los grupos de las universidades.

Tradición científica

Esta historiadora de la ciencia informó que en nuestro país se han encontrado indicios de una tradición científica mucho más antigua de la que se ha reconocido, porque al igual que ocurre en México “antes de que uno empiece a investigar hacia el pasado, pareciera que es muy reciente y que empezó en el siglo XX y que lo que antes se hacía no era ciencia”.

Mencionó que los investigadores costarricenses han logrado hallar científicos interesados en desarrollar y promover el establecimiento de instituciones científicas, con relaciones importantes con los centros metropolitanos desde el siglo XIX.

“Esto es muy importante para la formación de una identidad nacional que no sea nada más basada en las bellezas naturales del suelo, sino en una tradición intelectual de raíces profundas que también contribuye al ser hispanoamericano, porque hemos pensado que la ciencia se hace afuera y que nada más importamos el conocimiento, cuando ha habido esfuerzos locales muy importantes por conocer nuestra naturaleza y desarrollar una tradición científica propia, lo que es muy gratificante”, dijo.

Sin embargo, a su juicio quedan muchas preguntas abiertas que dependen de la investigación posterior, y se discute sobre la presencia de los extranjeros en la fundación de las instituciones nacionales de ciencia.

La Dra. Azuela expresó que se trata de mitos, ya que precisamente lo que hacen los historiadores de la ciencia latinoamericanos, es destacar las contribuciones locales y moderar un poco la presencia de los próceres extranjeros a los que se les achaca fundar nuestras instituciones.

En la revisión de muchos libros ha encontrado que cada vez hay más trabajos sobre la ciencia costarricense y la interacción con los viajeros que vinieron de otras partes del mundo. “Es un área de investigación muy rica que me apasiona, me fascina, es mi vida y es una experiencia muy bonita aprender de los costarricenses, porque los procesos del desarrollo de la ciencia se parecen a los de mi país, aunque tienen otras características”, puntualizó.

No obstante, aclaró que el proceso de concientización ha sido muy lento, de manera que se reconozca que vale la pena rescatar la historia de la ciencia de nuestros países. “Cuando empezamos todos pensaban que íbamos a hablar de Newton o de Darwin. Hemos demostrado con nuestro trabajo, con nuestras publicaciones y seriedad profesional, que es un campo muy relevante para la historia de nuestros países y hemos ido ganando espacio”, concluyó.

En esta ardua tarea han contado con financiamiento adicional del Instituto Panamericano de Geografía e Historia, de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior de México y del Consejo Superior de Universidades de Centroamérica (CSUCA), pero el apoyo más importante ha sido del CIGEFI y del Instituto de Geografía de la UNAM. Asimismo, por nuestro país han colaborado el Dr. Francisco Enríquez, de la Escuela de Historia, la Licda. Flora Solano, de la Escuela de Física y el estudiante Ronald Díaz.


 

Luis Fernando Cordero Mora
Periodista Oficina de Divulgación e Información
lfcosqdvrder@cariari.eytjucr.ac.cr
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